Cuando un autor describe un nuevo taxon debe, obligatoriamente, escribir una descripción de este, pero muchas veces, tan importante como la descripción es todo el protólogo (todo aquello que está asociado con un nombre y que acompaña a la descripción original de un taxon: descripciones, diagnosis, ilustraciones, referencias, sinonimia, datos geográficos, comentarios, etc.) que la acompaña, y si hay alguna duda sobre cualquier faceta de dicho taxon hay que volver a este texto y releerlo, ya que es la fuente principal para conocer la distribución, diferencias, o cualquier otra característica de dicho taxon. Si no hacemos este “regreso al origen”, podemos acabar malinterpretando este taxon y provocando confusión en su determinación. La interpretación de un taxon a lo largo del tiempo puede funcionar en ocasiones como ese juego al que llamamos “el teléfono escacharrado”, en el que una serie de personas se pasan una información de unos a otros y al final lo que le llega al último poco ...
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